Daniel Blake no es un número, no es un delincuente, no es un estorbo, no es un vago, no es un demente.

La peste

Un sistema de salud estatal, con enfoque social, con un sistema de control mecanizado e ineficiente, contaminado con la peste burocrática y corruptiva de Camus que a su vez se retroalimenta en su lodo generando nuevos e interminables circuitos de tramites contradictorios e innecesarios, empujando a los individuos comunes, como Daniel, a recurrir a las oscuras alternativas de mecanismos de supervivencia y acorralándolo en el precipicio de la desesperación, finalmente, le da un empujoncito al abismo con esa sonrisa placentera y posesiva sellada en las reglamentaciones de un estado perverso e impunemente despiadado.

Daniel es un ciudadano ejemplar que ante la resolución quirúrgica de una patología coronaria se encuentra perdido, durante su rehabilitación, en un mar de incertidumbre y contradicciones de un sistema de salud demagógico e insolvente que atenta contra todos los principios de asistencia sanitaria. El no puede con su vida, sin embargo no duda ni un instante ayudar a una chica desolada y a sus dos hijos que de alguna manera le darán motivación para seguir adelante.

La evolución natural de la patología estatal:

Esta falta de consideración individual, esta falta de perspectiva humana no es inesperada; simplemente es la consecuencia inevitable de un sistema que forjado en un molde utópico social requiere de mecanismos de controles estrictos y dificultosos que eviten el desfinanciamiento del Estado pero alegando todo lo contrario, es decir, camuflando sus verdaderas intenciones bajo los discursos prefabricados plagados con palabras solidarias trilladas y las reiteradas menciones de la presencia de los “molinos de viento” de turno; que serían “los verdaderos culpables” de que este tipo de modelos fracase una y otra vez. De esta manera el estado deja a la deriva a las personas pero transfiriendo la responsabilidad y señalando, con un dedo inquisidor, la culpabilidad al individuo por incumplimiento de los reiterados requisitos incumplibles entorpecidos justamente a causa del mismo estado que los solicita, que con la bandera de la equidad se arma de una cartera de clientes políticos lo suficientemente importante como para asegurar su persistencia en el poder.

Bajo todos estos requisitos ridículos e interminables y todas esas barreras, que un individuo tiene que sortear, está escrita, sin rastro de letras, en un enorme sello de agua infinito la palabra “No”. No hay otra forma de sostener un discurso insostenible, de financiar lo desfinanciable, de vender el humo utópico intangible y eternamente inalcanzable y por ende de sostenerse en el poder. La burocracia es un parasito necesario para cualquier sistema estatal autoritario y absolutista así como su hija, la corrupción; que son las que en definitiva se posan en la balanza de las prestaciones de manera que no se derrumbe el sistema. Sin esas pestilentes damiselas el humo se disipa y la fábula se deshilacha.

La película

Yo, Daniel Blake es una película simple. Daniel es un hombre simple. No hay efectos especiales, banda original o escenas eróticas. Es la historia de todos. Es la historia de cualquiera de nosotros que hemos estado en el lugar de Daniel en algún momento de nuestras vidas, ya sea frente a un sistema de salud o cualquier otro sistema estatal de control.

Una película que dramatiza una situación reiterada y persistente en muchos sistemas de salud estatales en los cuales los mecanismos de control y regulación de las prestaciones muchas veces pueden ser extremadamente lentos y burocráticos hasta el punto de volverse letales.

La impotencia es expansiva. La tensión durante la película no viene de la pantalla; se genera dentro del espectador por ese elemento tan humano y tan simple como lo es la empatía; algo que no existe en el diccionario social de un sistema de salud estatal, que por ende, califica como despiadado.

¡Daniel Blake somos o seremos todos!

Dr. Ramiro Vaca Narvaja

Coordinador del Departamento de Telesalud en la Clínica Pasteur Neuquen, Argentina. Co-fundador y Director Médico T-MAIDER.

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