Nunca habría conocido a Harriett si no fuera por nuestra amiga en común, Linda. Soy médico en el norte de California; Harriett es ejecutivo de comunicaciones en la ciudad de Nueva York. Linda cofundó una empresa de genómica personal en línea, a la que Harriett y yo enviamos nuestra información genética para su análisis. Linda nos presentó después de ver que Harriett y yo teníamos algo en común: un tipo raro de ADN mitocondrial, lo que significaba que éramos parientes lejanos. Resulta que también compartimos esa genealogía con una celebridad prehistórica: Ötzi el Hombre de Hielo, cuyo cadáver congelado de 5300 años fue descubierto en los Alpes en 1991. Para divertirme, incluso creé un grupo de Facebook para personas con la misma variante de ADN como Ötzi y Harriett y yo.

Cuento esta historia para hacer un punto. Harriett y yo nos conocimos por una hazaña de la ciencia biomédica —análisis genético de mercado masivo y de bajo costo— que alguna vez fue inimaginable y ahora es un lugar común. La convergencia de tecnologías digitales y plataformas sociales nos permitió conocer nuestros genotipos y compartir lo que descubrimos con el universo online. Desde entonces, hemos visto una explosión de avances e innovaciones impulsadas por la tecnología que tienen el potencial de remodelar muchos aspectos de la salud y la medicina. A nuestro alrededor, las tecnologías desde la inteligencia artificial (IA) hasta la genómica personal y la robótica avanzan exponencialmente, dando forma al futuro de la medicina. Las innovaciones que describo aquí, muchas de las cuales aún se encuentran en sus primeras etapas, son impresionantes por derecho propio. Pero también los agradezco por permitir el cambio de nuestra tradicional atención médica compartimentada hacia un modelo de «salud conectada». Ahora tenemos la oportunidad de conectar los puntos, de ir más allá de las instituciones que brindan atención episódica y reactiva, principalmente después de que la enfermedad se ha desarrollado, hacia una era de atención continua y proactiva diseñada para adelantarse a la enfermedad. Piense en ello: atención individualizada, siempre presente, habilitada por análisis, en tiempo real para nuestra salud y bienestar. No solo para tratar enfermedades, sino cada vez más para prevenirlas.

En el antiguo modelo de medicina, los datos de salud de los pacientes se recopilaban solo de manera intermitente, principalmente en las visitas a la clínica, y se dispersaban entre archivos en papel y sistemas de registros médicos electrónicos en silos. Hoy en día existe una opción mucho mejor: tecnología personal que puede monitorear los signos vitales de manera continua y registrar datos de salud de manera integral. Apenas una década después de que el primer Fitbit lanzara la revolución de los «wearables», los dispositivos de seguimiento de la salud son omnipresentes. La mayoría se utilizan para medir y documentar las actividades físicas. En el futuro, estas tecnologías de detección serán fundamentales para la prevención, el diagnóstico y la terapia de enfermedades. Medirán la salud de manera objetiva, detectarán cambios que puedan indicar una condición en desarrollo y transmitirán los datos de los pacientes a sus médicos. Así como la tecnología de wearables, se tienen los tatuajes médicos electrónicos flexibles y los sensores adhesivos pueden tomar un electrocardiograma, medir la frecuencia respiratoria, controlar el azúcar en la sangre y transmitir los resultados sin problemas a través de Bluetooth, también están los audífonos o auriculares con sensores integrados no solo amplificarán el sonido, sino que también seguirán la frecuencia cardíaca y el movimiento, de igual forma los lentes de contacto inteligentes estarán equipados con miles de biosensores y estarán diseñados para detectar indicadores tempranos de cáncer y otras afecciones, entre otros muchos más. Para mas detalle consulte la Fuente: National Geographic.

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